Ni mis pasos

que quiebran ramas secas,

ni el saltamontes

con su chispeante murmullo,

interrumpen la sosegada danza

del bosque al mediodía.

Mejor las nubes,

blancas fumarolas

que detuvieron el paso de nuestros abuelos

hasta recostar su mirada en los nevados volcanes,

quietas y pasmadas

comprenden la paz del momento.

*Arquímedes Herrera

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