Lo escuché de Mario Vargas Llosa. La novela de calidad no desdeña la cantidad y en cierto modo la necesita. Y la necesita porque da la sensación de la vida social que a lo largo de las páginas retrata. También dice el novelista peruano, la novela, al ser un género plebeyo, no busca la perfección del cuento o el poema y, por lo tanto, admite el error y la imperfección. Pensemos en el caso del capítulo donde se pierde el rucio de Sancho y que hasta la fecha no se sabe bien a bien como embonarlo. Y hay otros muchos errores en el Quijote que, lejos de disminuir su belleza la acrecientan. Pues bien, en este capítulo, mientras los amigos del Caballero de la Triste Figura lo llevan enjaulado, unos cuadrilleros de la Santa Hermandad se acercan. Después de maravillarse por la locura y el modo en que llevan al manchego y después de las razones que suelta disgustado Sancho, cura y canónigo se ponen a charlar sobre libros de caballerías. Las opiniones que vierte el canónigo, como piensa el cura, muestran entendimiento literario. ¿Hasta qué punto esas opiniones son las de Cervantes? ¿Hasta que punto la opinión positiva que tiene de los libros de caballerías el canónigo al final del capítulo, se parece a las que podría tener Cervantes sobre la novela que está escribiendo? Las últimas líneas nos dan la pista: «Porque la escritura desatada de estos libros da lugar a que el autor pueda mostrarse épico, lírico, trágico, cómico, con todas aquellas partes que encierran en sí las dulcísimas y agradables ciencias de la poesía y la oratoria que la épica tan bien puede escribirse en prosa como en verso.»

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