En este capítulo es el turno de Sancho. La duquesa le hace algunas preguntas maliciosas de las que sale bien parado el fiel escudero, a pesar de que, como dice su señor, está por desbarrancarse por su simpleza, no sé sabe cómo pero se levanta y dice las mejores cosas mientras ensarta algún refrán. La doncella se ríe de Sancho. Le ha prometido gobernar una ínsula y se regodea y divierte haciéndolo caer en las delicias, juegos y burlas del poder. La doncella se ríe, cuando bien mirado tendría que llorar.

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